viernes, 27 de noviembre de 2009

Cristales Quebrados por J.D Sanchez

WOW, cuando lei esto no supe si llorar
o quedarme callada y solo pensar me parecio muy
interesante y perfecto para compartirlo.


El Domingo, 18 de octubre de 2009 a las 23:42
No recuerdo bien como termine con la cabeza ahí; pero tus muslos eran muy cómodos. Esa noche trajo muy gratos recuerdos. Memorias gratas que volveré a recordar para así redundar en las penas evaporadas por aquel Sol de Mayo.
Mi nuca en tus acogedores muslos, mi oreja pegada a tu vientre y nuestros ojos esbaratandose con el deseo. No comprendo la magia de ese marrón que rompía los cimientos de mi cordura y demolía mis defensas. Tus ojos color tierra enterraban poco a poco la inocencia del recuerdo. Siempre he sido malo jugando con los tiempos, confundo mucho el pasado con el presente y todavía no tengo certero si aquel marrón era de tierra fértil o tiraba al pícaro rojo del barro deseoso de ser amoldado. Oír el susurro de tus tripas, las tribulaciones de tu interior me traía una calma incomparable. Toda la música electrónica se podía ir a la mierda, todo el bailar de las luces la podía acompañar, y así neutralizar la ingrata atmósfera.

Hay algo perverso en toda esta postura, en realidad lo que busco oír dentro de tu vientre es el nervio con el que te atreves a tenerme en esta posición. Mi nuca en tus carnosos muslos, tus ojos marrones o rojizos materializando mis deseos, y la periferia de tu seno tan cerca de mi rostro. Otra vez me encuentro descomponiendo los tiempos... mezclando pasados con presentes y quizás intentando convertirlos en futuro. Mientras aquí coqueteo con los tiempos Por allá ese día que cae bajo la jurisdicción del pasado usted me intentaba ahogar en sus carnes. Su vientre se comprimía y sus senos caían en mis narices. Tu cuerpo me servia como sabana y plantabas un fugaz beso en la frente. Acariciabas mi mejilla con aquellas pequeñas manos, pero muy diestras y enredabas tus dedos con mis cabellos. Al recobrar tu postura de antes me da con restregar mi rostro de manera vulgar con tu seno y subir para alcanzar aquel beso. Por un momento estuve solo, sin pierna para recostarme sin seno para agarrarme y en ese momento caistes...

Los cristales se quebraron y la música fue enmudecida por la canción repetitiva de muerte. Las sensaciones se menguaron, y no sentí las incisiones del plomo. En el momento que saque mi cabeza de tus muslos, que deje de escuchar tus tripas, en ese preciso momento una bala penetro tu abdomen, otra te besó la frente, y otras dos me dieron en la cadera. Sin idea del porque de este suceso, tu me sonreíste y te fugaste del mundo.
Solo pude sonreir para no mostrarte pánico. Te abrace con fuerza no te quería dejar ir... quizás no te irias... lo lógico seria llamar a emergencias, pero no queria que percataras de la gravedad del asunto. Estabas muerta. ¿Cual podría ser la gravedad del asunto?

Nada peor pudo haber pasado...


Eventualmente llegaron las autoridades, me sacaron las dos balas de la cadera y fui a tu funeral en silla de ruedas en lo que me recuperaba. El asesino fue encontrado en un poco tiempo, y todo el suceso se dió gracias a a una deuda que el dueño del local tenía.